Han pasado casi dos semanas del triunfo, realmente histórico, de Ollanta Humala y de Gana Perú. Decimos histórico no solo porque es la primera vez que una fuerza progresista gana una elección presidencial sino también porque estamos frente a una oportunidad de cambiar el rumbo de nuestra historia política y de reformar la democracia y la economía en el país.
Roberto Gargarello, editorialista del diario argentino Clarín, publicó hace buen tiempo un artículo titulado “Para darle verdad a la democracia” (14/08/06). En su nota señalaba que si bien la idea de democracia “es demasiado engorrosa como para ponerse exigentes en la materia”, ello “no debe confundirse con una actitud de indiferencia, con un todo vale en materia de producción democrática”. Para este intelectual “hay estándares mínimos que todos podemos esperar de cualquier decisión que pretenda alcanzar la dignidad de ser llamada democrática”.
En estos días me he preguntado si el miedo que hoy la derecha y el fujimorismo intentan imponer a la sociedad no es, acaso, equivalente o, incluso, mayor al miedo que sienten por un posible triunfo de Humala. La pregunta no es ociosa porque la campaña que realizan para infundir tal miedo es totalmente desproporcionada y hasta, diríamos, irracional. Es bastante similar, reconociendo diferencias, al miedo que intentó provocar la ultraderecha de EEUU durante las últimas elecciones presidenciales cuando dijo, por ejemplo, que Obama era musulmán, que no era norteamericano y que implantaría el socialismo.
En estas últimas semanas la derecha y el fujimorismo –que no son lo mismo pero son iguales– han realizado una feroz campaña contra el programa de Gana Perú. Incluso, como parte de ella, han aparecido una suerte de “sacerdotes y sacerdotisas”, que, como nuevos exégetas de este “libro sagrado”, nos han leído todos los días un fragmento: “Ahora leeremos el capítulo quinto versículo del 10 al 20: Y dice Ollanta Humala…”. Esa es la rutina que cada mañana y cada noche leemos o escuchamos en diversos medios.
Por años he sido, como muchos, un defensor de los derechos humanos. Creo que sin estos derechos la democracia y la vida civilizada se hacen imposibles. Por eso siempre he apoyado (y seguiré apoyando) a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Sin embargo debo decir que su último comunicado: “Frente a la Segunda Vuelta Electoral” (19/4/11) me decepciona.
Un dato importante de esta segunda vuelta es que buena parte de la derecha, sobre todo la más radical, así como varios medios se han puesto detrás de la candidatura de Keiko Fujimori. La reciente “limpieza” en Canal N y el regreso de Jaime Bayly, contratado por América TV (Canal 4), son pruebas de que la derecha ha decidido “fujimorizarse”, es decir, emplear los mismos métodos de los años 90. Ahora estamos en la etapa de alineamiento de los medios, de repetir un mismo discurso y de atacar en la misma dirección. Ello supone la existencia de un comando de campaña único que trasciende los estrechos marcos del propio fujimorismo para abarcar a otros grupos. Basta leer los diarios y ver la TV para darnos cuenta de las “coincidencias” entre uno y otro medio: levantan los mismos temas y atacan a las mismas personas. Es el regreso al pasado.







