reconoce sus orígenes

Posibilidades del Parlamento Andino

Publicado: 2011-02-12

Hace unos días los congresistas Víctor Andrés García Belaunde y Rolando Sousa han opinado negativamente sobre el Parlamento Andino (PA). Para el primero “no sirve para nada pero le cuesta mucho al Estado. No tiene razón de ser, sus miembros no fiscalizan ni acusan, pero gozan del blindaje de la inmunidad”. Para el segundo, es un “ente burocrático inútil y costoso”.

Lo que dicen García Belaunde y Sousa bien se puede aplicar al Parlamento. Este Congreso –herencia del fujimorismo– es más caro si lo comparamos con el de la década de los ochenta, el cual tuvo el doble de miembros, y uno de los más caros de la región andina. Incluso, si vemos cifras, a este Congreso lo desaprueba casi el 80% de los peruanos porque lo ven “costoso, inútil y burocrático”; además de favorecer la corrupción y la impunidad de los políticos como lo demuestra el caso de Carlos Raffo, quien se ha negado en diez oportunidades, porque tiene inmunidad (o impunidad), a presentarse ante el PJ por un caso de corrupción. Y si hablamos de turismo político, sospecho, que este Congreso le gana al PA por varios cuerpos, por no decir viajes, de ventaja.

Por otro lado, los cinco parlamentarios elegidos en el 2006 poco a nada han hecho para legitimar el PA y dar a conocer sus funciones y tareas. En algunos casos han sido una suerte de fantasmas y en otros, como sucedió con Rafael Rey, renunciaron al poco tiempo de ser elegidos. Sin embargo, ello no ha sido la única causa de su mal funcionamiento. En realidad, el proceso de integración desde hace varios años atraviesa por una profunda crisis. La salida de Venezuela y los públicos desacuerdos entre los países miembros son expresiones de esta crisis.

Sin embargo, estos hechos no nos deberían de llevar a plantear tanto la supresión del PA como del Congreso. Así como la democracia requiere de un Congreso representativo y honrado, todo proceso de integración supranacional que busca crear una Comunidad, necesita de un foro político o Parlamento. Eso, por ejemplo, sucede en Europa.

La pregunta, en este contexto, es muy simple: ¿por qué lo que funciona bien en otros lugares, acá funciona mal y hasta se desprecia? Primero, por la falta de voluntad de los gobiernos para integrarse; segundo, por el localismo de nuestros políticos que no le han prestado la debida atención al proceso de integración ni tampoco a sus vecinos; tercero, por el temor de las elites a una integración que vaya más allá del aspecto económico porque podría incluir a los pueblos de cada uno de los países. Bien decía J.C. Mariátegui que la integración es tarea de muchedumbres.

En realidad, las elites peruanas jamás han visto el espacio andino como un espacio de integración sino más bien como una rémora de la cual es necesario deshacerse. Lo que ha sucedido es el secuestro del proceso de integración por unas elites que, más allá de su admiración turística por Machu Picchu, prefieren mirar más al norte que al sur. Y, finalmente, por responsabilidad de este Congreso que ha terminado por arrinconar al PA.

Los parlamentarios andinos son representantes peruanos ante el PA. Por lo tanto, como representantes de los electores peruanos, deberían fiscalizar el proceso de integración al mismo tiempo que impulsarlo en la sociedad. El parlamentario andino bien podría participar, cuando menos en las comisiones del Congreso, en los temas vinculados a su función. Sin embargo, eso no ha sucedido. Este Congreso, con una visión parroquial, ha optado por apartarlos de su quehacer y obviar de su agenda el proceso de integración.

Lo que está en juego, más aún en estos tiempos de cambio, es si el gobierno, los partidos, los políticos y los congresistas son capaces de entender y comprometerse con el proceso de integración, primero andino, y luego sudamericano. La integración como sucede en otras regiones del mundo es un proceso ineludible y necesario. De ello depende que seamos en el futuro un país desarrollado e independiente. Por estas y otras razones he decidido postular al PA por Gana Perú de Ollanta Humala.

La República 12/02/2011


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