reconoce sus orígenes

Reglas de la política peruana

Publicado: 2011-03-05

Hace unas semanas (5/2/11) señalé que en este país existe una regla política bastante curiosa: mientras más se desarrolla la democracia electoral, menos capacidad tienen los partidos para consolidarse institucionalmente y mucho menos para construir un sistema de partidos. Se supone que el desarrollo de la democracia electoral debería fortalecerlos  tanto en el plano político (o identitario) como en el institucional.

La segunda regla que se puede enunciar es la siguiente: los partidos que gobiernan no ganan la siguiente elección, ya sea porque no presentan candidato presidencial o porque obtienen votaciones bajísimas. Eso pasó con Perú Posible en el 2006 que no presentó candidato presidencial y su lista congresal obtuvo una votación tan baja (4,1%) que casi pierde la legalidad. Esta vez le toca al APRA que tampoco presenta candidato presidencial. Sospecho que su lista congresal  podría estar alrededor del 5%. Incluso podría perder su legalidad. Hay que mencionar también el caso de AP que en 1985 obtuvo apenas el 7,5% en las elecciones presidenciales, cuando en las elecciones de 1980 había logrado casi el 45% de los votos. Vamos a contracorriente de lo que ocurre hoy en América del Sur donde la reelección del partido en el gobierno (Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Colombia y Chile hasta el triunfo de la derecha en ese país) es, justamente, lo que destaca.

Hay sin embargo dos excepciones a esta regla: el APRA en 1990 que quedó tercero con una votación superior al 20% y el fujimorismo que logró ganar, luego de su victoria electoral en 1990, en dos oportunidades consecutivas (1995 y 2000). Sin embargo, los triunfos del fujimorismo no cuentan en este análisis ya que se lograron de manera fraudulenta.

Me parece que estas dos reglas nos dicen dos cosas: a) que importan más los caudillos que los partidos; b) que no existen hoy día ni identidad política ni lealtad electoral en los votantes. La última vez que fue más importante la lealtad electoral y la identidad política que el caudillo fue en las elecciones de 1990 con el APRA. Sus electores, luego del gigantesco desastre que fue el primer gobierno de Alan García, siguieron votando por ese partido.

Los responsables de esta nueva situación –que bien podrían explicar la alta y permanente volatilidad de los electores– son el fujimorismo, que destruyó lo poco que había de institucionalidad política; el caudillismo de Alan García que echó abajo al único partido con identidad política que quedaba, la permanente crisis de las izquierdas, la violencia política y la emergencia de partidos que podríamos definir como postsociales y postideológicos, es decir partidos “atrápalo todo” que no buscan ni  construir una nueva identidad política ni tampoco una lealtad electoral, puesto que su principal vínculo con los electores no es la representación política de un sector social sino más bien la creación de clientelas y su  objetivo es la captura del gobierno para fines “privados”.

Estos últimos serían Perú Posible, Solidaridad Nacional, Somos Perú, Alianza Para el Progreso y Fuerza 2011 que no pretenden reconstruir el tejido social destruido estas tres últimas décadas y menos crear una nueva institucionalidad política. Para que ello suceda –y así ayudar a la democracia–  habría que construir un nuevo escenario electoral sobre la base de algún tipo de diferenciación (p.e. izquierda-derecha o pobres-ricos) para cambiar las reglas.  El aumento en estos días de Ollanta Humala en las preferencias electorales, podría estar anunciando la formación de este nuevo escenario y el aviso de una ruptura de las actuales reglas.

Nota: Raúl Tola en su artículo “No escuchar no entender” (26/2/11) afirma que este columnista “pretende aprovechar al máximo esta ocurrencia” (se refiere al caso Rospigliosi) y que se hace pasar por “analista objetivo”. Nunca he pretendido ninguna de estas cosas. Mis ideas políticas no son ningún secreto. Lo que sí creo es que mi amigo Raúl Tola es bastante “subjetivo” en sus afirmaciones.

La República 05/03/2011


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