reconoce sus orígenes

De un sancochado a otro

Publicado: 2011-03-20

Antes de que tuviéramos noticias del sancochado encabezado por PPK, el Perú asistió al nacimiento de otro sancochado que, si bien no ha pasado inadvertido, ha sido insuficientemente analizado. Este sancochado nació luego de la caída del gobierno de Fujimori e inició un combate directo contra aquellos sectores que impulsaron su desplome y que apoyaron, posteriormente, el gobierno de transición de Valentín Paniagua.  Si bien su oposición a aquellos que denominaron “cívicos” y luego “caviares” podría hacer pensar en una monolítica unidad, una mirada más cercana permite distinguir distintos subgrupos a su interior. ¿Quiénes integran este sancochado anticaviar? Esta familia está integrada por sectores conservadores, tradicionalistas, Opus Dei, militaristas, adeptos del extinto régimen fujimorista y neoliberales.

Aunque no es tema central de este artículo, no está demás preguntarse cuáles son los elementos que los agrupan. En un nivel más general podríamos preguntarnos cómo un grupo define su identidad. Como señala Zigmund Bauman no puede haber sentimiento de pertenencia, sin un sentimiento equivalente de exclusión. El grupo, el nosotros, solo puede ser entendido cuando se incluye su par, el ellos. Con esto Bauman nos aleja de miradas esencialistas, donde las identidades se definen a partir de características positivas, y más bien subraya su carácter relacional. Según este sociólogo, las identidades colectivas se definen en función a los elementos antagónicos  que se asignan a aquellos que se encuentran fuera del grupo. Se podría afirmar entonces que son dichos antagonismos los que definen al par nosotros/ellos.

Tomando este elemento como central para la definición de un grupo, concretamente del “sancochado anticaviar”, resulta más fácil entender cómo es que tradiciones políticas diversas se articulan entre sí, más allá de sus diferencias y matices. En un reciente artículo en Expreso (13/3/2011), Luis García Miró define al sector antagonista de este “sancochado”, agrupando de manera indiscriminada a progresistas, neoizquierdistas, políticamente correctos y caviares. Así como lábiles son las fronteras de este grupo, de la misma forma indeterminadas y difusas son las fronteras de sus antagonistas.

Un punto de contacto significativo entre estos disímiles compañeros de ruta  es la tradicional desconfianza que comparten frente al Estado y a las instituciones modernas de la democracia. Por un lado, los conservadores de distinta procedencia temen el desplazamiento de instituciones de origen tradicional como la familia, los militares o la iglesia de los lugares de poder que ocupan en la sociedad peruana. Apelan tanto al carácter tutelar de dichas instituciones, por encima de las incertidumbres que plantea la democracia, como al carácter corruptor de las costumbres sociales que buscarían establecer la pléyade de la “progresía”.

Por otro lado, se puede distinguir a aquellos que provienen de una matriz más próxima al neoliberalismo. Si los primeros desconfían del Estado porque socava las bases de instituciones tradicionales de la sociedad; los neoliberales desconfían del Estado en tanto que este interviene en el “libre juego” de las fuerzas del mercado. En ambos casos la desconfianza del Estado parte de la certeza de la existencia de instituciones naturales o tradicionales.

Más allá de estas razones, existen también otras de carácter pragmático que tienen que ver con la derrota parcial que sufrieron las fuerzas neoliberales a la caída del régimen fujimorista y su progresivo ascenso posterior. Se trata de la preservación tanto de una élite política, parcialmente desplazada del poder; y de un modelo económico que asegura su reproducción social.

En el actual contexto electoral cabe la pregunta acerca de cómo es que este sancochado anticaviar ha venido actuando. Frente a la continua caída de Luis Castañeda  y el estancamiento de Keiko Fujimori pareciera que ha decidido levantar a un nuevo candidato: PPK. Sin embargo, es poco probable que éste pase a la segunda vuelta. Todo indica que terminarán apoyando a Keiko. Puede parecer el  túnel del tiempo, pero nos dice de lo poco que hicieron Toledo y García contra el autoritarismo fujimorista.


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