reconoce sus orígenes

La nueva alquimia

Publicado: 2011-03-26

La actual campaña electoral pareciera haber rescatado del olvido a un antiguo personaje: el alquimista. Así como estos apuntaron a transmutar el plomo en oro, sus sucesores apuntan a convertir lo viejo en nuevo. Para realizar estos pases de magia ya no se precisa de una “piedra filosofal”, nuestros modernos alquimistas echan mano de la propaganda electoral y de los medios de comunicación para obrar este milagro.

Gracias a estos pases mágicos parece que se ha logrado transformar un refrito político, como es PPK, en una novedad y hasta, como dicen algunos, en un outsider. De un solo plumazo se ha buscado desaparecer la participación de PPK en tres gobiernos distintos en los últimos 40 años. La idea de que PPK es alguien nuevo en la política es uno de los pilares de su campaña, pero también una de sus mayores debilidades. Si hoy PPK está donde está, según las encuestas, es principalmente porque lo han dejado correr solo. Como sabemos, PPK fue colaborador y ministro de Fernando Belaúnde durante su primer y segundo gobierno (1963-1968 y 1980-1985). Sería bueno preguntarle a los acciopopulistas qué opinan de este veterano de la política. Finalmente, el hoy candidato presidencial participó como ministro de Economía y primer ministro en el gobierno de Alejandro Toledo.

Sin embargo, PPK no es solo un político de vieja data. El hoy candidato presidencial ha venido combinando su vocación política con su habilidad para los negocios: empresario, director de fondos de inversión, y presunto lobbista. Sería entonces un clásico ejemplo de lo que las ciencias sociales norteamericanas –una de las patrias de PPK– llaman la “puerta giratoria”. Es decir, un ida y vuelta entre el sector público y el privado. Este concepto busca subrayar cómo aquellos personajes que transitan de manera asidua dicha puerta terminan haciendo indistinguibles los intereses públicos que defienden como funcionarios del Estado de aquellos intereses que representan cuando se ubican en el sector privado. Se podría afirmar, sin embargo, que no hay tal confusión, pues siempre se defienden los intereses privados; lo que varía es el lugar desde donde se realiza.

Por ejemplo, esto habría sucedido con el tema del gas de Camisea, en el que la participación de PPK fue decisiva para que el Estado y los peruanos perdiéramos la posibilidad de una fuente de energía barata a largo plazo. En el año 2003, cuando el actual candidato no tenía cargo público, como él mismo ha señalado, retornó al sector privado. Lo que desconocemos es si ese “sector privado” al que regresó tenía o no inversiones en el Perú, y si aún las mantiene.

Luego de 20 años de puesto en marcha el modelo neoliberal extremo en nuestro país (como lo denominó Gonzáles de Olarte en 1998) pareciera que un sector de la derecha, finalmente, ha optado ya no por un representante político, es decir, por un intermediario, sino más bien por un “patrón”. Algo similar a lo que sucedió en Chile con la elección de Piñera hace más de un año. Por eso, una victoria de PPK –lo que considero, sinceramente, poco probable– representaría un verdadero retroceso político en el país y un triunfo de los poderes fácticos, además de un alineamiento total con los EEUU.

Una cosa es tener a un político en la presidencia más allá de sus defectos y virtudes; y otra muy distinta, a alguien que considera normal el otorgamiento de graciosos beneficios al sector privado, especialmente a las multinacionales, a costa de mantener la pobreza en nuestro país. Se podría decir que es la continuación del peor “alanismo” tanto en el plano de la economía y la política, como también el “rostro oculto” del fujimorismo. Para este sector de la derecha –lo que incluye a empresarios– PPK es un candidato “interesante”, pero creo que cometen un gravísimo error. En realidad, PPK hace poco viable este país ya que lo sometería a una abierta confrontación social y política, y donde la tentación autoritaria sería, acaso, la primera opción.

La República, 26/03/2011


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