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El oxígeno, la Ilustración y el TLC (otra vez)

Publicado: 2011-04-02

El 4 de agosto de 2006 publiqué este artículo en estas mismas páginas. Hoy lo reproduzco, resumidamente, porque creo que poco ha cambiado. Ejemplo de ello es lo afirmado por Aldo Mariátegui en su columna editorial señalando a propósito del reciente primer lugar que le asignan las empresas encuestadoras a Ollanta Humala: “…todo esto es resultado de que nuestra necia clase política bloqueó sistemáticamente el voto voluntario. Estaríamos con otro escenario mucho más sensato en estos momentos, pues los ignorantes –base del voto humalista y fujimorista– no tendrían el abrumador rol protagónico del que ahora gozan básicamente por su afición a reproducirse irresponsablemente y en cantidades industriales (fina cortesía desde hace décadas de la Iglesia católica y su exitosa oposición al control de la natalidad), lo que representa finalmente la mejor fórmula para perpetuar la pobreza” (Correo, 28/3/2011).

Hace unas semanas, en el marco de la conferencia “Perú: Desarrollo e Inversión”, Pedro Pablo Kuczynski (PPK) comentó que muchos de los que se oponen al TLC lo hacen porque viven en las alturas. Allí, según PPK, no hay mucho oxígeno y ello afecta el raciocinio de sus habitantes.

Si bien es cierto que este tipo de afirmaciones ponen en evidencia el racismo imperante en nuestra sociedad, me parece que el problema es aún más de base. Hay que anotar que estas declaraciones han tenido como trasfondo el proceso electoral, los miedos que la candidatura de Humala desató y el debate respecto al TLC. Dicho en otras palabras, lo que ha estado en cuestión no era solo la elección de un Presidente sino también nuestra nueva conexión con el mundo occidental, hoy representado por EE.UU. Por eso en este debate se han empleado los viejos adjetivos, pero, además, explicaciones que están ancladas en un pasado remoto.

Esto es lo que me llevó inmediatamente a pensar en ese gigante italiano de las letras Antonello Gerbi.  Gerbi, debido a su origen judío, migró de Italia y vivió en el Perú entre 1939 y 1950, año en el que regresó a su país. Aquí, Gerbi publicó varios trabajos, entre los cuales destaca Viejas polémicas sobre el Nuevo Mundo (1943), que fue una suerte de esquema, que años después, en 1955, le permitiría publicar su monumental obra La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica: 1750-1900. (Hay una versión en castellano publicada por el FCE en 1960 y 1982).

Gerbi polemizaba contra la tesis eurocéntrica de los siglos XVIII y XIX que consideraba “a las Américas como un Continente inmaturu (sic), impotente o genéricamente ‘inferior’ al Viejo Continente… América es impúber. No es joven, es niña. La naturaleza se ha olvidado de hacerla crecer”. Por eso, como dice el propio Buffon, los más grandes animales de América son “cuatro, seis, ocho y diez veces menos grandes que las bestias del Continente Antiguo”.

El siguiente paso dado por estos pensadores fue considerar a los seres humanos del continente como corrompidos por la naturaleza: “los impúberes se vuelven decrépitos. Los muchachos son unos degenerados”. Las razones, entre otras son la existencia de un clima y una humedad malsanos que terminan por impedir su desarrollo y atrofiar a animales y seres humanos.

La metáfora del “oxígeno” lo dice todo: a falta de ese elemento (o en razón del clima o la humedad) los seres humanos que viven en esos lugares (el mundo andino) no pueden desarrollar todas sus capacidades; por lo tanto, estamos ante seres inferiores, por no decir inmaduros; incapaces de entender los “nuevos aires” de la modernidad. Por eso, para qué tomarse el trabajo de debatir públicamente el TLC con “llamas y alpacas” como dijo un excongresista refiriéndose a los habitantes de los Andes.

Han pasado cinco años y el debate –o, mejor dicho, el racismo y la intolerancia– continúan escandalosamente activos en el país.

La República 02/04/2011


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